Al amanecer, sintió que la rodeaban con un brazo, atrayéndola contra un pecho ancho y cálido.
—Buenos días —murmuró el hombre contra su pelo, con la voz ronca por el sueño.
—Buenos días —susurró ella, acomodándose mejor en su abrazo. Se sentía bien. Reconfortante. Se sentía seguro.
Se quedaron así un rato, en silencio, hasta que el despertador sonó a las seis y media.
Las responsabilidades del día comenzaban así que se levantaron juntos, como si fuera lo más natural del mundo. Que lo era, des