Nunca había sido fan de la sangre. Sin embargo, no pudo rechazar la mano manchada que le ofrecía.
—Gracias —musitó, mientras la ayudaba a levantarse.
Su atacante parecía inconsciente, pero vivo.
—¿Deberíamos llamar a una ambulancia? —señaló al hombre en el piso.
—¿Crees que escorias como esas merecen que las compadezcan?
—No —negó, lentamente—. Pero no quisiera que te involucres en un problema por mi causa. Lo correcto sería que…
—Lo correcto sería que se muriera.
La frialdad de su declarac