Tres años después...
La vida le había sonreído por fin. Tenía su propia panadería en el centro de la ciudad, como lo había previsto su tía. No era grande ni muy ostentosa, pero sí bastante concurrida y eso le hacía sentir lleno el corazón.
Lamentablemente, a veces el pasado no daba tregua y tocaba nuevamente a la puerta sin previo aviso.
Diana estaba saliendo del local a eso de las diez de la noche cuando se topó de frente con un sujeto. Era un hombre alto, robusto, con un rostro grotesco. Las