CAMILA
El informe forense temblaba entre mis dedos. Tres semanas casada con el enemigo y ya me había convertido en algo que no reconocía. La sala de juntas del complejo Montoya permanecía en silencio mientras todos esperaban mi veredicto profesional. Siete hombres armados, Elías a la cabeza, y yo —la intrusa, la hija del enemigo— sosteniendo la clave del rompecabezas.
—El asesino conocía perfectamente la rutina de don Salvador —dije, señalando las fotografías de la masacre en la iglesia—. No so