Sabía perfectamente a qué se refería Valerie, pero era un tema difícil de decir en voz alta.
Ella me miró de reojo, se tocó la nariz y dijo:
—Solo te recuerdo algo: la enfermedad de Embi no puede dejarse sin tratar. Está bien lo de luchar contra Camila, pero también tienes que tener ese tercer hijo con Mateo.
—Lo sé.
Desganada, le di un mordisco a mi sándwich, deseando que hubiera quedado embarazada la noche que estuve con él, porque si no, lo de tener un tercer hijo con él no tendría solución.