El señor Felipe alzó un poco las cejas.
—¿Ah, sí? ¿Has pensado en un plan mejor?
—Sí —Ricardo sonrió, tranquilo—. Solo que… es un método un poco… indecente.
—Ja, ja, ja. —El señor Felipe se rio otra vez—. Ricardo, tú siempre has sido demasiado correcto.
Darío suspiró con desprecio y le gritó a Ricardo con voz ronca:
—¡¿Qué tiene de decente o indecente?! Yo necesito claridad; soy sencillo, no aguanto esa forma hipócrita y refinada de hablar de ustedes. Me da igual si es elegante o no; mientras fu