Para él, Alma solo servía como una herramienta para pelear por el poder, una simple marioneta. Su hija de sangre, en cambio, era otra cosa: a esa había que mimarla y protegerla como a una princesa. Pensé en ello y volví a sentir tristeza por la señorita Alma; antes de que murieran sus padres, ella también había sido una princesa despreocupada.
—Basta, dejemos eso —cambió de tema de repente Felipe, mientras le arrojaba el látigo a Darío—. Muy bien, entonces tú te encargarás de interrogar a esta m