Capítulo 27
Leonardo De la Rúa observó el reloj de oro en su muñeca, sintiendo cómo la irritación le subía por el cuello. Habían pasado días desde aquella confrontación con su nieto, una charla que debió ser el traspaso de una antorcha y terminó siendo un despliegue de soberbia juvenil. Castiel le había faltado al respeto, y aunque Leonardo era un hombre que entendía el frío que deja la orfandad —comprendía que el corazón de su nieto se había escarchado tras la muerte de sus padres—, el apellido De la Rúa n