El sonido de llamada entrante invade toda la oficina. Una mano arrugada y manchada por la edad levanta el teléfono, viendo en la pantalla un número desconocido, el cual contesta de inmediato.
—Espero que me tengas buenos resultados; han pasado varios días y no me has dado nada que me ayude —protestó el hombre.
—Lo siento, señor De la Rua, pero no encuentro mucha información sobre ella —dijo el otro con una voz ronca a través del teléfono.
—No me agrada escuchar eso.
—Lo sé, señor, pero