El aire en la suite del resort se sentía denso, cargado de un resentimiento que picaba en la piel. Yestin observaba a Castiel, sintiendo una mezcla de náuseas y fascinación ante el hombre que, hacía apenas unos minutos, la sostenía en sus brazos.
—¿De verdad que eres nefasto? —soltó ella. El tono no fue un grito, sino un susurro cargado de una decepción tan profunda que cortó el aire.
Castiel se detuvo en seco. Giró el rostro lentamente, con esa parsimonia aristocrática que tanto la irritaba.