—¿Qué es esto, Castiel? —preguntó ella, su voz apenas un susurro cargado de miedo y curiosidad—. ¿Qué te pasó? ¿Intentaste... intentaste quitarte la vida?
El movimiento de Castiel se detuvo en seco. Se quedó allí, una estatua de carne y hueso, dándole la espalda. En su mente, las alarmas gritaban. Apenas la conocía. Ella era una desconocida que ahora portaba su apellido, una mujer que hasta ayer era una extraña y hoy compartía su cama. ¿Cómo decirle la verdad? Si le entregaba su debilidad, ella