Capituló 16
El aire dentro del vehículo se volvió denso, cargado con el aroma de un perfume amaderado que a Yestin, en otras circunstancias, le habría parecido embriagador. Pero en ese momento, solo servía para asfixiarla. Castiel la sujetaba con una fuerza que no admitía réplicas, una posesión feroz que buscaba marcar territorio. Sus labios, expertos y demandantes, se apoderaron de los de ella con una urgencia que rozaba lo violento. Por un segundo —un solo y traicionero segundo— Yestin sintió que el suelo