Capituló 11
La atmósfera en la oficina se había vuelto tan densa que Yestin sentía que el oxígeno apenas llegaba a sus pulmones. No era solo el encierro o el silencio sepulcral que reinaba tras las pesadas puertas de caoba; era él. Castiel de la Rúa permanecía sentado frente a ella como un depredador que ha decidido, por puro capricho, jugar con su presa antes de devorarla.

Yestin intentó descifrar sus intenciones, pero sus ojos eran un enigma blindado. Lo único que lograba captar en aquellas pupilas oscur
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