El pasillo del hospital olía a desinfectante y soledad. Después de largas horas de angustia, finalmente, el cirujano salió con una sonrisa cansada y dio la noticia que Eva había esperado con el alma contenida: la cirugía había sido un éxito.
Eva sintió que sus rodillas casi flaqueaban. El aire que llevaba horas oprimiéndole el pecho por fin se liberó, y las lágrimas rodaron silenciosas por su rostro. No le importaba que la vieran vulnerable; lo único que importaba era que su pequeño estaba a sa