Seis meses después.
El tic-tac del reloj colgado en la pared se volvió insoportable. Cada segundo parecía recordarle a Eva que el final se acercaba.
Kevin se casaría en tres días.
La madre de él había insistido en que la boda se realizara cuanto antes, como si temiera que algo —o alguien— se interpusiera. Y quizá tenía razón. Eva no podía negar que la idea de verlo con otra mujer la desgarraba por dentro.
Respiró hondo, intentando mantener la compostura mientras doblaba cuidadosamente una blusa