Eva respiró profundamente una y otra vez, tratando de calmarse, pero el temblor en sus manos la traicionaba. Sentía el corazón latirle tan fuerte que pensó que todos podían oírlo. Frente a ella, su hermana Vera la observaba con el ceño fruncido, intentando descifrar lo que ocultaba.
—¿Qué te pasa, Eva? —preguntó con cautela—. Me estás asustando.
Eva bajó la mirada, incapaz de sostenerle la vista. No podía permitir que su hermana descubriera lo que tanto había ocultado durante años. Pero la tens