Alex avanzaba por los pasillos con pasos rápidos, cada músculo de su cuerpo tenso, cada latido en su pecho golpeando como un tambor de guerra. Su respiración era pesada, cargada de rabia, y sus puños se cerraban una y otra vez como si en cualquier momento fueran a estallar contra alguien. Recordar las marcas en la piel de Eva, aquellas huellas de dolor que nunca debieron existir, lo llenaba de una furia que lo consumía.
Giró a la izquierda, dispuesto a encontrar respuestas, y de pronto se detuv