Ramiro apenas iba a terminar de hablar cuando el ruido de unos pasos en el pasillo cortó la plática.
Un segundo después, la puerta se abrió y asomaron Carla y Hugo, seguidos por su chofer, que venía cargado hasta las manitas con bolsas y canastas llenas de vitaminas y cuanta cosa.
Ramiro y Beatriz se quedaron de a seis. Jamás se imaginaron que los Herrera se les fueran a aparecer por ahí.
—Nos enteramos de que Beatriz estaba internada y nos vinimos volando para ver cómo seguía —saludó Carla con