En el auto, Julieta no apartaba la vista de la ventana. Traía una cara de cansancio que no podía con ella.
Raina, que la venía observando de reojo, se dio cuenta de que la cosa estaba mucho más fea de lo que parecía.
—Julieta, neta, dime la verdad —¿qué pasa? —soltó Raina—. ¿Tus padres están mal?
Julieta se mordió el labio y dudó un momento antes de soltar la sopa:
—Mi mamá... con todo este relajo de la empresa, se le subió la presión del puro coraje y se desmayó. Ahora la tienen internada.
A R