Al viejo no le dio tiempo ni de cerrar la boca cuando la puerta se abrió de un tirón.
Ahí estaba Jayden, con la cara endurecida por la rabia, clavándole la mirada a su abuelo.
—Abuelo, ¿se puede saber qué está haciendo?
Alfonso no se lo esperaba. La sorpresa lo dejó descolocado por un segundo.
—¿Y tú qué haces aquí? —preguntó, tratando de recuperar el aire de autoridad.
Jayden lo ignoró. Buscó a Raina con la mirada y, al ver que estaba bien, respiró aliviado. Entonces, con una voz de hielo, so