La oficina estaba inundada por la luz de la mañana. Raina apenas soltaba su bolso cuando se encontró con un ramo de gérberas frescas sobre su escritorio.
Los pétalos todavía tenían gotas de agua que brillaban con el sol.
Solo decía: "Buenos días. —Iván."
Raina sonrió apenas un segundo, pero así de rápido como llegaron, las flores terminaron arrumbadas en lo más alto de un estante.
No quería distracciones. Se sentó y se puso a trabajar de inmediato.
—Raina, te traigo la agenda del señor Franco p