Esa frase de "le das la mano y se toma hasta el codo" parecía hecha a la medida para Iván.
Raina no pensaba caer en sus juegos. Terminó de guardar todo en el botiquín y lo miró desde arriba, muy seria.
—¿Ah, bueno? ¿Y ahora resulta que te me vas a poner de sinvergüenza?
—¿Cómo que sinvergüenza? —Iván ladeó la cabeza, tamborileando los dedos sobre el brazo del sofá—. Digamos que solo estoy haciendo valer mis derechos como herido.
De repente, estiró la mano, la tomó de la muñeca y la jaló con sua