—Eso no tiene nada que ver conmigo, ¿para qué me voy a andar preguntando cosas?
Raina no era de las que se meten en lo que no les importa. Los años de andar en los negocios le habían enseñado una regla de oro: si no es tu bronca, mejor ni preguntes, porque el que busca, encuentra problemas.
Esa respuesta lo agarró por sorpresa y Nelson se le quedó mirando fijo. Qué muchacha tan especial, tenía un carácter de los mil demonios.
Antes de que ella llegara, él se la imaginaba dulce y sumisa como su