"¿Dármelo a mí?", pensó. Raina no podía creer lo que estaba oyendo.
Se había pasado la última media hora insultándolo y soltándole sarcasmos, ¿y ahora el viejo quería dejarle toda su plata? Sentía que todo lo que estaba pasando hoy no tenía ni pies ni cabeza.
"¡Ni loca!", fue lo primero que se le vino a la mente. El dinero de un tipo así tenía que estar sucio.
Pero, un segundo después, una voz adentro le susurró: "Si no lo agarras tú, alguien más se va a quedar con el botín... alguien como Mar