Celia dejó de temblar de golpe. Tenía el pánico pintado en la cara y buscó desesperada la mirada de él.
No le salían las palabras, pero sus ojos gritaban pidiendo una respuesta.
Desde que despertó, esa pregunta no la dejaba en paz: ¿por qué Iván la había salvado? Se había imaginado mil cosas, pero solo él sabía la verdad.
Y ahora que estaba a punto de soltarla, el miedo se la estaba comiendo viva. Aun así, sabía que no tenía escapatoria. Desde que abrió los ojos supo que las consecuencias por f