—¡Al aeropuerto! —soltó Iván.
A nadie le sorprendió la orden.
Diego soltó un suspiro dramático.
—Ya lo dicen por ahí: el que tiene interés, se mueve. Te casas y te olvidas hasta de tu propia madre... Pobre de doña Carla, ella toda angustiada por su retoño y tú ni un mensaje le mandas. ¡Ay...!
El sarcasmo de Diego terminó en un grito cuando Iván le acomodó una patada.
—¡Ya, ya! Me porto bien —se quejó Diego, sobándose la pierna—. Todavía no sé qué fue a hacer tu mujer para allá, así que vas a te