—¿Y de qué sirve que yo vaya? —La voz de Raina sonó plana, completamente apática.
Del otro lado de la línea, Robert se quedó helado. No entendía nada, pero igual trató de razonar con ella:
—Señora Herrera, Celia se siente totalmente sola. En la única que confía es en usted. Si le da una crisis, la cosa se nos va a poner fea.
—Tú eres el médico. Si a ella le da un ataque, para eso estás ahí. Y sobre eso de que confía tanto en mí... ¿por qué mejor no le preguntas a ella si de verdad es cierto?
El