¿Un invitado sorpresa?
Raina no tenía idea de quién se trataba, pero fuera quien fuera, tenían que levantarse de inmediato.
El problema era que Iván seguía ahí, dormido como un tronco, con el brazo rodeándola de esa forma tan posesiva.
—¡Iván, levántate! Mamá trajo a alguien —le pidió ella, tratando de zafarse.
—Diles que se vayan, qué flojera... —murmuró él, como un niño berrinchoso.
Raina no le hizo caso. Al fin y al cabo, él podía darse el lujo de ignorar a su madre, pero ella no.
Con esfue