Esa maldita forma de marcar territorio... era tan prepotente como infantil. Y para colmo, apestaba a celos. Raina se sentía de lo más incómoda, pero no le quedaba más remedio que aguantarse.
Iván jugueteaba con la mano de Raina, apretándola como si fuera una pelotita antiestrés.
—¿Y ese milagro que vienes tan temprano?
—Ya lo tenía planeado, solo que se me complicaron las cosas —respondió Román.
En Sedona ya lo habían hablado, pero Iván se hacía el desentendido. Estaba claro que la vida de su h