—¡Jajaja!
Julieta soltó una carcajada limpia, y su alegría chocaba de frente con la cara tan seria que traía Raina.
—¿Y entonces qué crees que busco yo, eh? —preguntó Julieta con una chispa de picardía en los ojos.
Raina, con la mirada perdida en el horizonte, respondió con una frialdad que cortaba:
—Sea lo que sea que traigas entre manos, los asuntos del corazón son cosa de dos. Nadie más tiene por qué meterse.
—Tienes razón, se me fue la mano... perdóname —se disculpó Julieta, restándole impo