—¡Iván! ¿Tienes idea de que si te hubieras tardado dos segundos más, no la contabas?
El regaño de Diego se oía clarito hasta afuera de la habitación.
Iván se había llevado la peor parte al sacar a Raina del fuego: una herida de casi dos centímetros de profundidad que le cruzaba desde el hombro derecho hasta el brazo.
En cambio, Raina, la supuesta víctima, apenas si tenía un rasguño. Como bien había dicho Carla hace un momento, si el médico se tardaba un poco más, ese raspón se le curaba solo.