—Este caballo es un tronco, te voy a regalar uno de pura sangre —soltó Iván, que no paraba de quejarse mientras seguían al trote.
Raina no lo podía creer. ¿Qué tipo de actitud era esa? Se subía a la fuerza, disfrutaba el momento y luego todavía se ponía exigente.
Aunque ya se le había pasado un poco el susto, seguía furiosa. Lo que acababa de hacer ese hombre era una locura.
—¡Iván, si a ti no te importa tu vida, a mí la mía sí! ¡No seas así de imprudente! —le reclamó, con la voz todavía temblo