A medianoche, Sofía se despertó sobresaltada por una pesadilla.
En su sueño volvía a estar atada en aquel barco, con el viento salado pegándole en la cara y los secuestradores sometiéndola una y otra vez.
Cuando abrió los ojos, estaba empapada en sudor frío.
La sensación era tan real que le revolvía el estómago, como si todo hubiera ocurrido de nuevo.
Al darse cuenta de que solo había sido un sueño, se frotó la frente con cansancio.
De pronto, la luz del cuarto se encendió.
—¿Quién anda ahí? —