—Entonces te lo digo de una vez: no eres heredero de la familia Valdés ni hijo de mi padre. Legalmente tú y tu madre ya no tienen nada que ver conmigo ni con los Valdés. Acepta la realidad, señorito.
La última frase de Sofía rezumaba burla.
En su vida pasada, por compasión, había dejado la empresa que su padre le heredó en manos de Luisa y su hijo, y en menos de tres años aquello terminó en bancarrota.
Para colmo, Luisa huyó con Tomás y Diego.
Esta vez no pensaba darles ni la más mínima oportuni