—Señorita Hernández, por favor, retírese conmigo.
—¡No! Señor Rivera, yo sé que usted es el hombre más bueno de este mundo, se lo ruego, por lo que alguna vez compartimos, ¡ayude a mi tía!
—Creo que ya te advertí que no volvieras a presentarte en mi casa.
La mirada de Alejandro fue tan fría que apenas rozó a Lola y a ella se le heló la espalda.
Días atrás, Mariana ya le había hablado de ciertos rumores en la Universidad de Finanzas, historias en las que él y Lola eran protagonistas.
Alejandro no