Al escuchar a Julián, Alejandro guardó silencio.
—Admítelo, Alejandro—insistió Julián—. Estás interesado en la señorita Valdés y ni siquiera lo reconoces. Por eso andas distraído.
—Basta. —Alejandro se puso de pie y ordenó con frialdad—. No vuelvas a tocar este tema.
De inmediato le habló al secretario Javier, que lo esperaba en la entrada:
—Javier, vamos.
—Sí, señor.
Javier lo condujo fuera del club. Julián, mirando su espalda alejarse, solo pudo sacudir la cabeza resignado.
Afuera, Alejandro y