Leonardo abrió la puerta del auto e invitó a Sofía a subir.
—No se preocupe, señorita. En este círculo casi nunca se conoce a gente de otros mundos; todos venimos de condiciones parecidas. Y no, no tiene que sospechar que yo tenga algún interés oculto con usted.
—No pienso que lo tenga —respondió Sofía con franqueza—. Solo me da curiosidad por qué Elías lo mandó traer para atenderme.
—Esa pregunta debería hacérsela directamente a él.
—¿Son muy cercanos ustedes dos?
—Digamos que somos amigos.
—¿É