Capítulo 269
Elías estaba en el segundo piso. Aquel edificio viejo no tenía ascensor.

Sofía, con las heridas aún frescas, apenas podía subir a paso de tortuga apoyada en el brazo de Leonardo.

Cuando al fin llegaron frente al despacho, la frente de Sofía ya estaba perlada de sudor.

—¿Elías lo hizo a propósito? ¿No podía hablar en la sala como cualquier persona?

Leonardo suspiró con paciencia.

—Él no es así… quizá solo quiere ponerte a prueba.

Bruno, que caminaba delante, escuchaba la conversación y no pudo evitar un leve temblor en el párpado.

La puerta del despacho se abrió.

Elías estaba sentado frente a la mesa y les indicó que tomaran asiento.

Sofía se sorprendió al ver que aquel despacho no tenía escritorio ni silla ejecutiva, solo un par de sofás y una mesa de centro.

Recordaba que días atrás, cuando Elías había llegado a Ciudad Brava, se hospedaba en un hotel.

Viendo ese escenario, era claro que había comprado aquel departamento para instalarse en la ciudad.

—¿Qué esperas? —levantó la mirada
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