Elías estaba en el segundo piso. Aquel edificio viejo no tenía ascensor.
Sofía, con las heridas aún frescas, apenas podía subir a paso de tortuga apoyada en el brazo de Leonardo.
Cuando al fin llegaron frente al despacho, la frente de Sofía ya estaba perlada de sudor.
—¿Elías lo hizo a propósito? ¿No podía hablar en la sala como cualquier persona?
Leonardo suspiró con paciencia.
—Él no es así… quizá solo quiere ponerte a prueba.
Bruno, que caminaba delante, escuchaba la conversación y no pudo ev