El murmullo constante del salón volvía a ganar fuerza tras la inesperada tensión que había provocado aquel baile entre Alexandra Morgan y Mikhail Baranov. La música retomó su ritmo elegante, las copas tintineaban, y las conversaciones parecían fluir como si nada hubiese pasado, aunque todos sabían que aquel intercambio de miradas había sido cualquier cosa menos inofensivo.
Alexandra, aún con el pulso acelerado, regresó a la mesa de Antonov. Él la recibió con una sonrisa tranquila, como si no hu