El restaurante más prestigioso de Moscú se alzaba como un templo de lujo y discreción. Sus ventanales de cristal reflejaban la luz del mediodía y el invierno ruso enmarcaba la escena con copos de nieve que parecían caer en cámara lenta. El mármol negro del suelo brillaba como espejo, y las lámparas de cristal colgaban desde el techo con un resplandor etéreo. Todo aquel que cruzaba sus puertas sabía que allí el poder y la elegancia se entrelazaban.
Mikhail Baranov avanzaba con su paso firme, imp