El bar estaba sumido en penumbra. Maderas oscuras, luces tenues y el leve olor a whisky ahumado formaban un santuario para aquellos que no vivían según las reglas. Afuera, la lluvia ya golpeaba los cristales con persistencia. Dentro, el mundo parecía contenido en el silencio que crecía entre dos personas que no debían estar tan cerca.
Alexandra Morgan permanecía de pie, firme, junto a la pared del reservado privado. La hermosa mujer logra acercarse a la ventana observando las gotas de lluvia r