La Mansión Orlov se encontraba iluminada en tonos cálidos, el contraste perfecto frente al manto blanco que cubría el exterior. La nieve no cesaba de caer en Moscú, tiñendo el paisaje de un silencio solemne, como si la ciudad entera estuviera en pausa para ser testigo de los preparativos de una unión que prometía marcar un antes y un después en el inframundo ruso.
Esa noche, la mesa del comedor principal estaba dispuesta con precisión inglesa: cubertería plateada, manteles blancos sin una sola arruga, candelabros de cristal que reflejaban la luz temblorosa de las velas. Los aromas de la cena se mezclaban con la madera antigua de la mansión, creando una atmósfera acogedora y familiar.
Alexandra, en un vestido de tonos marfil, presidía la mesa junto a sus padres. Alicia Morgan mantenía siempre la compostura, con una elegancia natural que imponía respeto. Alessandro, por su parte, irradiaba ese poder silencioso que solo un verdadero patriarca podía ejercer.
— Para Aaron aceptar que sus h