RUSIA
El salón privado del lujoso Hotel Costador, ubicado en el corazón de Viena, estaba impregnado de luces tenues, música envolvente y el suave murmullo de conversaciones cargadas de secretos. No era una fiesta común. Aquellos que se reunían esa noche no eran simples aristócratas ni empresarios aburridos. Eran jugadores silenciosos de poder, diplomáticos con máscaras de cortesía, banqueros de fortuna dudosa y herederos de imperios oscuros.
Y allí, entre todos ellos, apareció Veronika Dubrov