Mundo ficciónIniciar sesiónAun después de haberse acostado innumerables veces con Sinead Green, su amiga de toda la vida, Nelson Lane parecía disfrutarlo tanto como la primera vez. A la mañana siguiente, ella despertó con la piel cubierta de marcas de besos. La habitación seguía revuelta por la noche que acababan de compartir y, al menor intento de moverse, todo el cuerpo le dolía. Mientras Nelson la abrazaba contra su pecho, soltó con total indiferencia: —Ponte algo elegante mañana y acompáñame a casa. Ella levantó la mirada desconcertada…
Leer másEl invierno por fin había terminado y el clima empezó a ser más cálido con la llegada de la primavera. La familia Green recibió noticias de su abogado en Costaluna. Tras el primer juicio, la apelación de Irene, el segundo proceso y varios trámites más, el tribunal confirmó oficialmente que ella había sido la autora intelectual del crimen y la sentenció conforme a la ley.Que la culpable por fin recibiera el castigo que merecía fue, sin lugar a duda, el mayor consuelo para Sinead.Ese día coincidió con el cumpleaños de Jackson. Liana, quien había cocinado, llenó la mesa de comida y los tres brindaron para festejar.Llevaban casi medio año viviendo en Valle Verde, Iberia, y Sinead ya se había acostumbrado a la rutina del lugar. Aunque al principio no fue fácil adaptarse a una ciudad extraña, recorrerla y descubrir rincones nuevos se convirtió en un placer que le devolvió el ánimo. Hizo buenas amistades y, poco a poco, fue encontrando su verdadera vocación.Aprovechando la ocasión, les di
Tres días después, Nelson regresó solo a Costaluna. Al llegar a su casa, notó que las luces de la propiedad de al lado estaban encendidas otra vez. El mayordomo le informó que la familia Green había terminado de liquidar todos sus bienes en el país y que los nuevos vecinos se habían instalado dos días atrás.Solo entonces Nelson comprendió que nada volvería a ser como antes.Pasó la noche encerrado en su habitación, incapaz de dormir. A la mañana siguiente, vio por la ventana cómo sus nuevos vecinos desmontaban el columpio del jardín, cambiaban las cortinas blancas y rosas por unas verde oscuro, y arrancaban las campanas de viento de la entrada para tirarlas a la basura.Todo lo que tenía que ver con los Green, con Sinead, desaparecía poco a poco de su mundo. Talaron el gran árbol del patio, sacaron la tierra donde antes crecían las rosas y destrozaron las piedras pintadas con dibujos infantiles. Pero él no pudo hacer nada para evitarlo.Lo único que le quedaba tras esto era emborracha
Cada palabra de Sinead lo dejó completamente helado. Solo pudo verla alejarse con los brazos caídos a los costados, mientras sus ojos exhaustos se enrojecían poco a poco, llenándose de lágrimas. La impotencia y la desesperación eran tan fuertes que hasta le cortaron la respiración.Nelson se quedó solo en un rincón del restaurante durante un rato. Cuando el personal comenzó a recoger las mesas, un mesero se acercó a recordarle que estaban por cerrar y él por fin reaccionó. Le puso la bolsa de la farmacia en las manos y le pidió un favor en voz baja.***En la habitación, las compresas frías habían aliviado un poco la hinchazón de las rodillas, pero aún le dolían. Por estar ocupada atendiéndose los golpes, Sinead ni siquiera había cenado.Jackson y Liana le subieron un buen corte de carne, pero al verle las piernas amoratadas, se les partió el corazón. Justo en ese momento, un empleado del hotel llegó con toallas limpias, así que los padres aprovecharon para hacerle unas preguntas. Al
A la mañana siguiente, muy temprano, los Green agarraron sus maletas y se prepararon para ir a esquiar. Sinead soltó un suspiro de alivio al no ver a Nelson en la entrada y metió su equipaje en la cajuela del auto.Apenas terminó de ordenar las cosas, escuchó la voz de Jackson desde el porche:—¿Y esto qué es? Sinead, ¿dejaste en la puerta el regalo de algún vecino?Al voltear, reconoció la caja de inmediato. Frunció el ceño, se acercó deprisa y la tomó de sus manos. Se la entregó al mayordomo con la dirección de la familia Lane en Costaluna, indicándole que la enviara por correo más tarde.Intrigados, Jackson y Liana se pasaron todo el viaje preguntando de quién era el paquete. Al ver que no podía ocultárselos, Sinead terminó por contarles lo ocurrido la noche anterior, así como los mensajes de felicitación de Kenny y Opal. El auto quedó en silencio un momento hasta que su padre asintió.—Tu mamá y yo estuvimos pensando qué íbamos a hacer con los Lane después de todo esto. Al principi





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