Cada palabra de Sinead lo dejó completamente helado. Solo pudo verla alejarse con los brazos caídos a los costados, mientras sus ojos exhaustos se enrojecían poco a poco, llenándose de lágrimas. La impotencia y la desesperación eran tan fuertes que hasta le cortaron la respiración.
Nelson se quedó solo en un rincón del restaurante durante un rato. Cuando el personal comenzó a recoger las mesas, un mesero se acercó a recordarle que estaban por cerrar y él por fin reaccionó. Le puso la bolsa de la