Mundo de ficçãoIniciar sessãoComo hice que el primer amor de Fernando Ruiz se diera una ducha fría, Fernando me encerró en el congelador y le puso candado. —¡Milena se resfrió, así que tú vas a sufrir con ella! —me gritó. Desesperada, me aferré a la puerta pidiendo ayuda, pero solo estaba Milena: —Ya ves, Fernando me adora, y yo… ¡no puedo contradecirlo! —dijo, mientras ponía la temperatura más baja y soltó el anti polvo que cubrió la caja dejándome sin visión. Ella ajustó el congelador a la temperatura más baja, y la funda antipolvo bloqueó mi último rastro de visión. Cuando Fernando regresó de su luna de miel, por fin se compadeció y dijo que me dejaría salir. —Te perdono por esta vez, ¡pero hay de ti, si te atreves a meterte con Milena de nuevo! Ya no lo haré, porque para entonces ya me había convertido en un enorme bloque de hielo que se hacía añicos al menor roce.
Ler maisTres meses antes.
Arianna
«Te amo, Ari. Te amo más de lo que puedo llegar a contener y te querré por siempre. Por favor, cásate conmigo y tengamos una docena de niños tan hermosos como tú». Eso fue lo que me dijo Marcos, el día que me propuso matrimonio con el pulso acelerado y los ojos llenos de lágrimas. Eso fue antes de que comenzara a resquebrajarme por dentro. Antes de sentir que me ahogaba en el miedo y dolor, cada vez que una gota de sangre se deslizaba por el interior de mi muslo y caía lentamente sobre los azulejos blancos del baño, diluyéndose en el agua, antes de perderse en la rejilla. No sé por qué. En el pasado cruzaba los dedos cuando se acercaba el día donde debía presentarse la regla, incluso suspiraba, aliviada y en ocasiones llamaba a Julia; mi mejor amiga, para destapar una botella de vino a modo de festejo. Sin embargo, ahora, que la regla se presentase, solo me provocaba una profunda sensación de soledad. La sangre, era un recordatorio de que estaba vacía, que el vientre seco que portaba me había vuelto a fallar otro mes. Podía sentir los miedos chocando unos contra a otros. El nudo en la garganta y las lágrimas perdiéndose bajo el rocío del agua de la ducha. Gemí con fuerza, porque la ducha, era el único lugar donde podía permitirme llorar, cada vez que descubría que no estaba embarazada. Dejaba que el agua caliente limpiase mi dolor, tomaba uno a uno los pedazos en un pobre intento de reconstruirme y esperaba estar lo suficiente anestesiada para continuar un mes más. Porque me aterraba que Marcos, se diese cuenta de lo rota que estaba. Me odiaba porque desde que recordaba, soñaba con ser madre y con el paso de tiempo, había visto a todas las mujeres de mi vida formar su familia, criar sus hijos, continuar con su maravillosa vida. Mientras, yo las observaba detrás de un cristal. Todas ellas vivían en una realidad más brillante a la que yo no pertenecía. Por desgracia, Marcos también estaba condenado a quedarse tras el cristal por haberme elegido como su esposa. Lo arrastré a las sombras y me preguntaba, si me odiaba por eso. —¿Arianna? —Como no respondí, abrió la puerta del baño —¿Ari? ¿Te ocurre algo? No me ocurría nada. Solo soledad y vacío. Me quedé frente al espejo empañado, con la mirada perdida, dejando que las lágrimas se deslizasen a través de mi mentón. —¿Qué te ocurre, cariño? —Marcos, me tomó por los hombros y me besó la coronilla, antes de reparar en el paquete de compresas que se estaban sobre el lavabo. No me moví y las lágrimas continuaron cayendo. —Julia, está embarazada. Me lo dijo hoy por la mañana, cuando fuimos a tomar nuestro café pre cumpleaños —. Me soltó de pronto y dio un paso hacia atrás, como si hubiese recibido una descarga. Me odiaba. Podía verlo, me odiaba por llevar tres años de esperanzas rotas—. No me ha dicho quién es el padre, porque dice que quiere presentármelo mañana en mi cena de cumpleaños. No quería reconocer que sentía envidia por mi mejor amiga, aunque eso era exactamente lo que sentía en ese momento. La envidiaba, porque ella ni siquiera podía mantener una relación de más de una semana, probablemente ser madre ni siquiera estaba en sus planes. Sin embargo, estaba esperando un bebé. Un bebé que a mí se me había estado negando por años y no era justo. —Qué cabrona —. Masculló y me di la vuelta para mirarlo sobre el hombro —. Lo que quiero decir es; que es tu cumpleaños, podría intentar no robarte el protagonismo por una vez en la vida —. Suspiró pesadamente y me obligó a darme la vuelta para que lo viese a los ojos —. Podríamos cancelarlo, si eso quieres. No sé, pedir una pizza y pasarlo acurrucados en el sofá como cuando alquilábamos el pequeño departamento sobre la avenida, ¿lo recuerdas? —Sonreí al recordar su boca húmeda y ansiosa, contra la mía, sus manos desesperadas por quitarme la ropa, sus estremecimientos estallando contra mi piel. El sexo también dejó de ser explosivo y divertido, en esos tres años, se volvió algo condicionado por mi sistema reproductor. A veces deseaba olvidar el deseo de ser madre. No podía, porque el hueco ya era demasiado grande. En ese momento, aún no soñaba con un bebé. Todavía tenía esperanzas, pero justo allí, frente al espejo del baño, solo tenía decepción. Aunque, francamente, evitáramos el tema, Marcos parecía cansado de consolarme y yo no podía soportar ver su rostro cada vez que admitía que ese mes, tampoco, había ocurrido. Me besó suavemente los labios y apartó un par de mechones húmedos del rostro. —Me encantaría —me obligue a sonreír —, pero ya avise en la residencia que sacaría a mi abuela por una noche. No puedo cancelar ahora —. Llevaba los tres primeros botones de la camisa desprendidos y olía a colonia —. ¿Vas a salir? —No pude esconder la nota de decepción en mi voz. —Sí, ya había quedado Jonathan, Óscar, Lucas y Aquiles, mi nuevo jefe. Quiero impresionarlo, es un cabrón de primera y Jhonny, dice que confraternizar fuera de la oficina, puede ayudarnos —. Lo dijo como si aquellos nombres significasen algo para mí, desde que recibió un ascenso, no frecuentaba a las mismas personas, a excepción de Jonathan, el hermano de Julia. Quien le consiguió el empleo en primer lugar —. Aunque puedo cancelar… —Se encogió de hombros. —No —, negué con la cabeza y él me tomó de la cintura atrayéndome hacia él —. Voy a estar bien, quería enviar algunos currículos y luego me dormiré. ¿No sabes si el grupo Carissino está tomando nuevos ejecutivos? La startup, para la que trabajaba como ejecutivo responsable del departamento de marketing, se había declarado en bancarrota, por lo estaba desempleada desde hacía seis meses. Menudo futuro, estaba a punto de cumplir treinta, no tenía un bebé, ni trabajo, ni sueños. Solo tenía a Marcos, mi abuela y Julia… —¿Para qué quieres volver a trabajar tan pronto? Yo gano lo suficiente como para mantenernos —. Me rodeó con sus brazos —. Quiero que descanses, te lo mereces, cariño —. Acaricio mi mejilla con el pulgar —. Prometo que volveré en cuanto pueda —apoyó su frente contra la mía, acarició mi nariz con la suya y se dio la vuelta para dejarme nuevamente sola. —Marcos —me miró sobre el hombro sosteniéndose la mano en el pomo de la puerta —. ¿Realmente lo quieres como yo? —Lo vi ponerse ligeramente tenso, aunque de inmediato la misma sonrisa tranquilizadora de siempre apareció. —Claro que lo quiero, me casé contigo porque deseo formar una familia y envejecer a tu lado —. Se acercó a mí, atrayéndome nuevamente a sus brazos —. Te prometo que en cuanto haya pagado los préstamos que solicitamos para la casa, comenzaremos a pensar en pagar un tratamiento por fecundación in vitro, ¿sí? —Asentí con resignación, porque no podía hacer otra cosa —. Te amo, Ari… Siempre te querré —dijo, antes de salir del baño, dejándome completamente sola. —Yo también… —Murmuré en el silencio del cuarto.Mi abuela falleció el mismo día que se enteró de mi muerte. Abuela, después de resistir tanto tiempo, ¿ya no pudiste aguantar más? Espero que tu partida no haya sido tan dolorosa. Seguramente así fue, al menos no sufriste como papá, mamá y yo. Solo me pregunto si nos volveremos a ver después de la muerte... Papá y mamá murieron quemados, yo congelada, ¿tendré la oportunidad de ser su hija en otra vida? Al menos, supongo que no volveré a encontrarme con Fernando.Fernando se enteró de la muerte de mi abuela mientras estaba en prisión y organizó un funeral espléndido a través de terceros. Al menos ella tuvo una despedida digna. Pero nadie recordó que, de no ser por aquel incendio, ella habría sido la mayor accionista del grupo Ramos, mereciendo una partida aún más grandiosa. Sin ese fuego, yo también habría sido la querida heredera de los Ramos, con un amor hermoso y una familia feliz.Cuando arrestaron a Milena, estaba viendo un apartamento con el doctor Morales. Acababan de firmar el c
Quise explicarlo, quise decirle que no era el modo de conservación, sino el de congelación. Milena había cambiado el modo secretamente. Pero hasta que se fue, no pude articular una sola palabra completa. Hacía demasiado frío, mi boca estaba llena y no podía decir nada.Me causaba gracia ver a Fernando tan perturbado. Fernando, te devolví mi vida, ¿qué más quieres?Fernando recibió dos correos. Uno era el análisis de la prueba de embarazo que envió, mostrando mi ADN. Fernando sonrió amargamente y tomó el segundo informe.Recordé, era la investigación que solicité cuando Milena apareció en nuestras vidas. Quién diría que el informe llegaría después de mi muerte.Detallaba la relación entre Milena y el doctor Morales, su plan para estafar a Fernando. También mencionaba el embarazo falso de Milena y cómo el doctor Morales falsificó documentos para encubrirla.Fernando estudió ambos informes por un largo rato, sus dedos finalmente se posaron sobre la prueba de embarazo.—Daniela, ¿creíste q
Fernando bajó al sótano, donde aún quedaban rastros de mi sangre, y se recostó mirando fijamente la radio.Fernando, ¿estás recordando lo que me dijiste mientras moría? Decías que debía sentir lo mismo que tu querida Milena, que debía tener una muerte horrible, que debía vivir peor que un animal. Pero Fernando, Milena solo tenía un resfriado, mientras que yo morí, asesinada por tus propias manos.De repente, Fernando se incorporó, su mirada recuperó la frialdad:—Daniela, tú te lo buscaste, ¿por qué fuiste tan estúpida de apagar el calentador?No soy tonta, sabía que Fernando me odiaba, ¿por qué buscaría problemas voluntariamente? Ese día, solo estaba en el baño haciéndome una prueba de embarazo, queriendo darte una sorpresa.¿Cómo terminó todo así?Solo recuerdo que estaba esperando ansiosamente el resultado cuando Milena irrumpió gritando que me largara:—¿Te crees digna de usar este baño? ¡Este es el baño de la señora de la casa! ¡El baño de la sirvienta está abajo! ¡Lárgate!Milena
Al recordar esto, el sabor volvió a mi memoria y sentí náuseas involuntarias. Ese sabor era aún más repugnante que mis restos mutilados que yacían allí. Pensé en mi abuela... ¿habría gastado ya los quinientos mil? ¿Fernando seguiría enviándole dinero? ¿Se entristecería al enterarse de mi muerte? Mi mente era un caos.Fernando fue al hospital como un zombi, siguiendo el llamado del doctor Morales. Al llegar, el doctor lo recibió con expresión grave:—El bebé de Milena no pudo salvarse.Fernando pareció no comprender, su rostro inexpresivo.El doctor Morales frunció el ceño: —¡Fernando! ¿Ya no eres un hombre? ¡Milena perdió al bebé! ¿Y tú sigues lamentándote por otra mujer?Fernando se quedó perplejo, mirando torpemente a Milena, quien yacía débil en la cama del hospital.—Fernando, viniste. No te preocupes, tendremos más hijos después —se acercó para abrazarlo por el cuello con cariño—. Fernando, ¿nos casamos? ¡Vamos ahora mismo por la licencia!Fernando apartó las manos de Milena y ret
Fernando tenía una coartada, así que fue liberado temporalmente. Pero se negaba a irse, golpeando la puerta desesperadamente para reportar una desaparición:—¡Quiero denunciar! ¡Mi esposa se fue de casa! ¡No puedo encontrarla!Del otro lado lo miraron fijamente: —¿Ama usted a su esposa?Fernando se quedó perplejo, luego murmuró:—Yo... claro que la amo, ¿cómo no amarla? La he amado por diez años...Es cierto, casi olvidé que Fernando me eligió para el matrimonio arreglado.¿Cómo no me amaría?Pero también fue él quien me encerró en el congelador, solo para complacer a otra mujer.¿Cómo podría amarme?Nuestro amor comenzó hace diez años, y también terminó hace diez años.En ese entonces, yo era una joven tímida que se sonrojaba cuando él me miraba.Y él era un muchacho que solo tenía ojos para mí, que se puso rojo hasta las orejas al proponerme matrimonio y saltó de alegría cuando acepté.También me había dicho: —Daniela, desde la primera vez que te vi supe que quería casarme contigo.—
—¿La víctima es Daniela Ramos, tu esposa?Fernando al fin descubriría mi muerte. Sentía cierta expectativa.Al escucharlo, Fernando soltó una risa sarcástica, con la ira reflejándose nuevamente en sus ojos.—Daniela, qué gracioso que ahora te dediques a hacer llamadas de estafa. Mientras me quede algo de paciencia, ¡regresa y discúlpate con Milena! ¡No me obligues a divorciarme de ti!Furioso, Fernando arrojó el teléfono al suelo y lo pisoteó hasta hacerlo pedazos.En ese momento Milena empezó a quejarse: —Mi amor... me duele el vientre...Yo observaba con una sonrisa burlona desde un costado. Milena había usado mi prueba de embarazo, la embarazada era yo, no ella. ¿Por qué fingía dolor?Solo intentaba ganar tiempo para que Fernando no supiera la verdad, ahora que sabía de mi muerte.—¡Rápido, llama al doctor Morales, el bebé... el bebé...!¿Doctor Morales? Ah sí, el amante que Milena frecuentaba desde que regresó al país. Fue porque los descubrí saliendo juntos que ella planeó meticul





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