Al caer la tarde, la familia Lane tenía listo un auto para llevarlos al restaurante. Nelson, Irene y Sinead se sentaron juntos en la parte de atrás. Nelson, ubicado en el medio, no se despegó de Irene durante todo el trayecto. Le ajustó el aire acondicionado, le buscó una manta, le ofreció agua y hasta le destapó la botella. Sinead, quien estaba a la izquierda, miraba en silencio por la ventana.Apenas iban a mitad de camino empezó a llover con fuerza. La carretera estaba oscura y el vehículo que venía de frente llevaba las luces altas encendidas. En una bajada, el conductor quedó cegado por el fuerte resplandor y no logró tomar la curva a tiempo, por lo que se estrelló contra la barandilla de contención. En ese instante, Nelson reaccionó por reflejo y abrazó a Irene para protegerla.El impacto resonó. El cristal de la ventanilla estalló hacia adentro. Sinead, sentada de ese lado, se estrelló contra los vidrios rotos y quedó bañada en sangre. El dolor fue atroz. Sentía como si se estuv
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