Capítulo 38. Parte 3
Diego:
Aún respiro con dificultad después del torbellino que acabamos de contener. Antonella se recompone con una sonrisa traviesa, mientras yo intento disimular el evidente desorden que ella provocó en mí. Hago una mueca, tratando de acomodar disimuladamente mi pantalón, y ella, al notarlo, se tapa la boca riendo con vergüenza.
No puedo culparla. Me he convertido en un descarado, deseando a mi mujer donde y a la hora que sea, y más aún cuando el riesgo de ser descubiertos hace que todo sea más