Capitulo 36. Parte 4
Diego:
Doy un gran suspiro. Miro a Ambra por la ventanilla y, aunque no quiero sentir odio por ella, decido llevarla a casa para terminar con esta situación de una vez por todas.
Al llegar, Roberta presencia mi peor faceta: la de un hombre agresivo que, a empujones, lleva a la que todavía es su esposa hasta el dormitorio, dejándola encerrada.
—¡Maldita sea, Diego, abre la puerta! —grita Ambra con evidente furia. Su enojo crece al arrojar objetos contra la puerta, pero yo bajo decidido a hablar