—¿Vas a seguir mirándome así todo el desayuno? —preguntó Lía con una ceja arqueada y la tostada en la mano.
Brooke la miró desde el otro lado de la mesa, con los codos apoyados y la taza de té entre las manos.
—¿Así cómo?
—Como si estuvieras analizando cada palabra que digo. ¿Es por lo que dije anoche?
—Puede. —Brooke escondió una sonrisa tras la taza.
—No me mires así, lo sabes tan bien como yo. Mi hermano tiene un efecto extraño en la gente. En la mayoría es miedo. En ti es otra cosa.
—¿Y cuá